Detrás de un cerebro infiel

Nadie quiere ser infiel, pero sorprendentemente muchos lo son
  • Más del 40% de las parejas casadas enfrentan problemas de infidelidad.
  • En menores de 35 años la infidelidad es igualmente común entre hombres y mujeres.

Si bien puede haber varias razones detrás de la infidelidad, como aspectos individuales, de la relación o situacionales, también pueden existir influencias biológicas y hormonales. A pesar de esto, es esencial reconocer que los seres humanos tienen la capacidad de establecer límites y tomar decisiones conscientes en sus relaciones.

Más allá del engaño: los mecanismos cerebrales que impulsan la infidelidad

  • Bajo nivel de monoaminooxidasa A (MAOA): Las personas infieles se identifican como “buscadores de sensaciones”. Ellas tienen niveles más bajos de MAOA, una enzima que regula los niveles de dopamina en el cerebro. Esta diferencia en el procesamiento de dopamina puede llevar a una búsqueda de emociones y placeres, como la infidelidad.
  • Alto nivel de testosterona: La testosterona influye en el estado de ánimo, la motivación y el deseo sexual, lo que puede aumentar la disposición a cometer actos de infidelidad. Niveles más altos de testosterona se han asociado con una mayor probabilidad de buscar parejas sexuales fuera de una relación estable.
  • Más mentiras, menos culpas: Después de ser infiel una vez, hay una mayor probabilidad de repetir el comportamiento en el futuro. Estudios sugieren que el cerebro se acostumbra más a mentir y engañar con el tiempo, facilitando la repetición de actos de infidelidad.
  • Baja capacidad para medir y controlar riesgos: Aquellas personas con una menor capacidad para evaluar los riesgos y sus consecuencias tienden a mostrar comportamientos arriesgados, como la infidelidad. Esto puede estar relacionado con experiencias previas de éxito en situaciones arriesgadas, lo que distorsiona su percepción del riesgo.
  • Adicción a las emociones: La infidelidad puede activar las vías de recompensa en el cerebro, creando una búsqueda compulsiva de emociones intensas y placenteras. Con el tiempo, el cerebro puede volverse dependiente de estas emociones, llevando a una repetición del comportamiento infiel.

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